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martes, 10 de mayo de 2011

The New York Times - VENEZUELA ORDENO A REBELDES COLOMBIANOS ASESINAR FIGURAS DE LA OPOSICION. 10/05/2011







Venezuela Asked Colombian Rebels to Kill Opposition Figures, Analysis Shows

CARACAS, Venezuela — Colombia’s main rebel group has an intricate history of collaboration with Venezuelan officials, who have asked it to provide urban guerrilla training to pro-government cells here and to assassinate political opponents of Venezuela’s president, according to a new analysis of the group’s internal communications.

The analysis contends that the Revolutionary Armed Forces of Colombia, or FARC, was asked to serve as a shadow militia for Venezuela’s intelligence apparatus, although there is no evidence that President Hugo Chávez was aware of the assassination requests or that they were ever carried out.

The documents, found in the computer files of a senior FARC commander who was killed in a 2008 raid, also show that the relationship between the leftist rebels and Venezuela’s leftist government, while often cooperative, has been rocky and at times duplicitous.

The documents are part of a 240-page book on the rebel group, “The FARC Files: Venezuela, Ecuador and the Secret Archive of Raúl Reyes,” to be published Tuesday by the International Institute for Strategic Studies in London. While some of the documents have been quoted and cited previously, the release of a CD accompanying the book will be the first time such a large number of the documents have been made public since they were first seized.

The book comes at a delicate stage in the FARC’s ties with Venezuela’s government. Mr. Chávez acknowledged last month for the first time that some of his political allies had collaborated with Colombian rebels, but insisted they “went behind all our backs.”

The book contradicts this assertion, pointing to a long history of collaboration by Mr. Chávez and his top confidants. Venezuela’s government viewed the FARC as “an ally that would keep U.S. and Colombian military strength in the region tied down in counterinsurgency, helping to reduce perceived threats against Venezuela,” the book said.

The archive describes a covert meeting in Venezuela in September 2000 between Mr. Chávez and Mr. Reyes, the FARC commander whose computers, hard drives and memory sticks were the source of the files. At the meeting, Mr. Chávez agreed to lend the FARC hard currency for weapons purchases.

A spokesman for Mr. Chávez did not respond to requests for comment.

Venezuela’s government has contended that the Reyes files were fabrications. In 2008, Interpol dismissed the possibility that the archive, which includes documents going back to the early 1980s, had been doctored.

Moreover, data from the archive has led to the recovery of caches of uranium in Colombia and American dollars in Costa Rica, and has been the basis of actions by governments including Canada, Spain and the United States. Such uses constitute “de facto recognition” that the archive is authentic, the institute said.

“We haven’t begun the dossier with the words ‘J’accuse,’ ” said Nigel Inkster, one of the book’s editors. “Instead we tried to produce a sober analysis of the FARC since the late 1990s, when Venezuela became a central element of their survival strategy.”

Recently, Venezuela seems to have cooled toward the FARC, conforming to a pattern described in the book of ups and downs between Mr. Chávez and the rebels. In April, his government took the unusual step of detaining Joaquín Pérez, a suspected senior operative for the FARC who had been living in Sweden, and deporting him to Colombia.

This move came amid a rapprochement between Mr. Chávez and Colombia’s president, Juan Manuel Santos, as a response by Mr. Chávez to Colombia’s claims that the FARC was operating from Venezuelan soil.

The archive, which opens a window into bouts of tension and even loathing between the FARC and Mr. Chávez’s emissaries, shows that Mr. Chávez has sided with the Colombian government on other occasions, especially when he stood to gain politically.

In November 2002, the book reports, before a meeting between Álvaro Uribe, then Colombia’s president, and Mr. Chávez, the FARC asked the Venezuelan Army for permission to transport uniforms on a mule train through Venezuelan territory. The Venezuelan Army granted permission, then ambushed the convoy, seized eight FARC operatives and delivered them to Colombia, allowing Mr. Chávez to inform Mr. Uribe of the operation in person.

Such betrayals, as well as unfulfilled promises of large sums of money, generated considerable tension among the rebels over their relationship with Mr. Chávez.

A member of the FARC’s secretariat, Víctor Suárez Rojas, who used the nom de guerre Mono Jojoy, once called Mr. Chávez a “deceitful and divisive president who lacked the resolve to organize himself politically and militarily.”

Still, periods of tension tended to be the exception in a relationship that has given the rebel group a broad degree of cross-border sanctuary.



TRADUCCION:

CARACAS, Venezuela - eL principal grupo rebelde de Colombia tiene una historia compleja de colaboración con las autoridades venezolanas, y le han pedido impartir formación de guerrilla urbana a las células pro-gobierno aquí y asesinar a opositores políticos del presidente de Venezuela, según un nuevo análisis del grupo las comunicaciones internas.

El análisis sostiene que las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC, se le pidió que sirvieran como una milicia en la sombra para los aparatos de inteligencia de Venezuela, aunque no hay pruebas de que el presidente Hugo Chávez estaba al tanto de las solicitudes de asesinato y que nunca se llevaron a cabo.

Los documentos, que se encuentran en los archivos del ordenador de un alto comandante de las FARC que fue asesinado en un ataque de 2008, también muestran que la relación entre los rebeldes izquierdistas y el gobierno izquierdista de Venezuela, aunque a menudo de cooperación, ha sido inestable y, a veces engañoso.

Los documentos son parte de un libro de 240 páginas sobre el grupo rebelde, "Los archivos de las FARC: Venezuela, Ecuador y el Archivo Secreto de Raúl Reyes", que será publicado el martes por el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos de Londres. Si bien algunos de los documentos han sido citados y citó anteriormente, el lanzamiento de un CD que acompaña el libro será la primera vez que han sido un número tan grande de documentos públicos.

El libro llega en un momento delicado en las relaciones de las FARC con el gobierno de Venezuela. Chávez reconoció el mes pasado por la primera vez que algunos de sus aliados políticos habían colaborado con los rebeldes colombianos, pero insistió en que "fue detrás de todas nuestras espaldas."

El libro contradice esta afirmación, señalando una larga historia de colaboración por el Sr. Chávez y sus confidentes. El Gobierno de Venezuela considera a las FARC como "un aliado que mantendría EE.UU. y la fuerza militar colombiana en la región atado en la contrainsurgencia, ayudando a reducir las amenazas percibidas contra Venezuela", dice el libro.

El archivo describe una reunión encubierta en Venezuela en septiembre de 2000 entre Chávez y el Sr. Reyes, el comandante de las FARC cuyas computadoras, discos duros y tarjetas de memoria fueron la fuente de los archivos. En la reunión, Chávez acordó prestar dinero a las FARC para la compra de armas.

Un portavoz de Chávez no respondió a las solicitudes de algun comentarios.

El Gobierno de Venezuela ha sostenido que los archivos de Reyes eran fabricaciones. En 2008, la Interpol desestimó la posibilidad de que el archivo, que incluye los documentos que se remontan a la década de 1980, fueran de alguna forma manipuladas.

Además, los datos en los archivos han llevado a la recuperación de los depósitos de uranio en Colombia y dólares americanos en Costa Rica, y han sido la base de las acciones de los gobiernos como Canadá, España y Estados Unidos. Estos usos constituyen "un reconocimiento de facto" que el archivo es auténtico, dijo el instituto.

"No hemos iniciado el expediente con las palabras 'Yo acuso'", dijo Nigel Inkster, uno de los editores del libro. "En su lugar, trató de realizar un análisis sobrio de las FARC desde finales de la década de 1990, cuando Venezuela se convirtió en un elemento central de su estrategia de supervivencia."

Recientemente, Venezuela parece haberse enfriado a las FARC, pues es un ajuste a un patrón descrito en el libro de altas y bajas entre Chávez y los rebeldes. En abril, su gobierno tomó la medida inusual de detener a Joaquín Pérez, un operativo de alto nivel de sospecha de las FARC que habían estado viviendo en Suecia, y deportarlo a Colombia.

Esta decisión se produjo en medio de un acercamiento entre Chávez y el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, como una respuesta de Chávez a los reclamamos de Colombia de que las FARC, operan desde el territorio venezolano.

El archivo, que abre una ventana a episodios de tensión e incluso odio entre las FARC y emisarios de Chávez, muestra que el Sr. Chávez se ha alineado con el gobierno colombiano en otras ocasiones.

En noviembre de 2002, los informes de datos, antes de una reunión entre Álvaro Uribe, el entonces presidente de Colombia, y Chávez, las FARC pidió al Ejército de Venezuela el permiso para el transporte de uniformes en un tren de mulas a través de territorio venezolano. El Ejército venezolano tras la autorización concedida, a continuación, procedio a una emboscada al convoy, y capturaron de ocho agentes de las FARC y los entregó a Colombia, lo que permitio a Chávez informar a Uribe de la operación contra estas persona.

Estas traiciones, así como las promesas incumplidas de grandes sumas de dinero, generaron una tensión considerable entre los rebeldes sobre su relación con Chávez.

Un miembro del secretariado de las FARC, Víctor Suárez Rojas, quien utilizó el nombre de guerra 'Mono Jojoy', una vez llamó a Chávez un "presidente mentiroso y divisivo que no tenían la voluntad de organizarse políticamente y militarmente".

Sin embargo, los períodos de tensión tienden a ser la excepción en una relación que ha dado al grupo rebelde un amplio santuario transfronterizo.

Fuente: THE NEW YORK TIME

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