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lunes, 18 de julio de 2011

La ceguera como herramienta política por Virginia Contreras





El pasado primero de julio el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, se dirigió públicamente a los venezolanos desde su segunda Patria, Cuba, explicando los motivos de salud que lo obligaron a alargar su estadía en la isla.
Si nos guiamos por los datos que por cuenta gotas el mandatario ha venido aportando, todo parece indicar que fue sometido a una operación quirúrgica como consecuencia de un cáncer encapsulado en alguna parte de su colon; hecho que fue descubierto, según él, a raíz de otra intervención que días antes le había sido practicada. Sea cual fuere su situación, el caso es que la ausencia del gobernante por más tiempo de lo previsto, y su muy probable enfermedad, (hecho que en cualquier país civilizado hubiera sido tratado con total normalidad), ha permitido verificar una serie de circunstancias cuya connotación política vale la pena mencionar.

Un primer elemento a destacar se refiere al padecimiento presidencial en sí, así como a la manera cómo la población venezolana tuvo conocimiento de éste. Tal y como recordaremos, en fecha 31 de mayo la Asamblea Nacional de Venezuela autorizó la salida del presidente de la República por más de cinco días a fin de que viajara a Brasil, Ecuador y Cuba para atender asuntos relacionados con su investidura.

Pasados algunos días de que fueran divulgadas por los medios de comunicación las actividades del jefe de Estado en cada uno de esos países, el canciller Nicolás Maduro informó públicamente respecto a cierta dolencia física que aquejaba al presidente, lo cual obligaría a éste a permanecer durante otros días más en Cuba. Esta mera circunstancia, de divulgación de un hecho natural como lo es una enfermedad, ocasionó prácticamente una conmoción nacional, hasta el punto de que sin ton ni son comenzaron a producirse toda serie de rumores respecto a la enfermedad del mandatario, originándose una cantidad de especulaciones en relación con la existencia de otras razones, distintas a las físicas, que pudieran haber obligado al gobernante a permanecer en territorio extranjero. De más está decir que las opiniones llegaron a tal nivel, que hasta los analistas y medios de comunicación internacionales se hicieron eco de las mismas, llenando las páginas de los periódicos, y los noticieros de radio y televisión mundiales con datos sobre el sonado acontecimiento.

En Venezuela todos tenían algo qué decir sobre la ausencia del presidente. Todos tenían un amigo médico, un pariente militar, o un conocido vinculado al gobierno cubano, cuyos datos-contradictorios por cierto- obedecían a información “fidedigna” sobre las causas de dicha ausencia, así como del futuro incierto del país. Unos hacían mención a la existencia de una “bacteria”, capaz de contaminar la humanidad del gobernante, hasta el punto de haberle producido “septicemia” (¿?). Otros lo colocaban al borde de la muerte, gracias a un cáncer terminal, con metástasis, cuyo origen nunca estuvo claro -si sería en el colon o en la próstata-. De hecho, hasta un conocido medio de comunicación del estado de Florida especuló sobre los “meses de vida” que le quedarían al gobernante. Algún otro señaló al “sarcoma de Kaposi” como la enfermedad padecida por el primer mandatario.

Pero la situación física del “comandante” no fue la única razón aducida para explicar su ausencia; y así, otros más temerarios, muy probablemente contaminados de tantas amenazas nucleares y actos de terrorismo internacional, advirtieron que la enfermedad presidencial no era más que el producto de un “complot”, como consecuencia de un supuesto pacto, en donde participarían el mismísimo ex dictador Fidel Castro y agentes de la CIA. Todo esto con el objeto de lograr la desaparición física del venezolano, a cambio de beneficios económicos capaces de garantizarle la subsistencia al gobierno cubano per secula seculorum.

En fin, que frente al estado físico del hombre más poderoso de Venezuela, la sociedad venezolana, y en muchos casos la comunidad internacional, fue objeto de una reacción de histeria colectiva capaz de generar tal confusión, hasta el punto de hacerlos olvidar la conducta que durante casi 13 años de gobierno el mandatario ha venido asumiendo para con los venezolanos. De tomar en cuenta las idas y venidas del jefe de Estado, sus dichos y contradichos, sus afirmaciones y negaciones con las cuales ha aderezado la política venezolana, muy probablemente los venezolanos ni siquiera hubieran llegado a tomar en cuenta ni un ápice de su enfermedad.

Lo curioso es que si bien las dolencias presidenciales podrían catalogarse como un hecho novedoso dentro de esta novela en que se ha convertido la historia política de Venezuela, lo que no puede considerarse como inédita es la actitud asumida por el gobernante cuando de preservar su intimidad se trata.

Es cierto que el Jefe de Estado le ha hecho ver a la población venezolana que se comporta como un libro abierto, por aquello de su andar desenfadado, su exagerada verborrea y sus interminables cuentos, reales o imaginarios, en donde por supuesto el personaje central es él.

Pero tal y como algunos conocen, las características del gobierno que pretende imponer, y su interés en propagar su revolución a como dé lugar en el Continente Americano, lo han mantenido bajo vidas paralelas que le han permitido salvar todo tipo de obstáculos sin que el grueso de la sociedad se atreva siquiera a imaginarlo.

Basta recordar los famosos viajes que durante los primeros meses del gobierno bolivariano el mandatario venezolano realizaba bajo el más estricto secreto a la isla de Cuba. Si bien hoy en día forman parte de la agenda obvia del presidente, en aquellas oportunidades dichas visitas eran un verdadero enigma, siendo objeto de todo tipo de especulaciones. ¿Sería verdad que el presidente Chávez está en Cuba?, ¿Cuál será la razón de la visita de Chávez a la Habana? ¿Será que Chávez fue a recibir instrucciones de Fidel?, eran preguntas que continuamente voceaban los venezolanos.

Así como los estrafalarios viajes a Cuba poco a poco fueron convirtiéndose en parte de la tradición presidencial, existen otra serie de situaciones, según comentan algunos de sus allegados, que han escapado al ojo escrutador de los medios de comunicación -e incluso del sector político venezolano-, en donde, a diferencia de sus noticias médicas, el mandatario venezolano no pareciera estar interesado en compartir. Salidas del territorio venezolano de aviones de la fuerza aérea bajo el mando de cierto coronel, con la misión de trasladar pequenos containers hacia el país persa, cuya tripulación una vez en el destino ha sido compelida a abandonar las aeronaves a la suerte del personal extranjero para la recolección del material trasladado- hecho absolutamente violatorio de expresas disposiciones en materia de seguridad y de resguardo de la soberanía venezolana; salida de aviones venezolanos bajo la justificación de “ayuda humanitaria” a las víctimas de la violencia en la franja de Gaza, en donde se le ha ordenado a la tripulación violar el espacio aéreo israelí con el objeto de crear un conflicto internacional si éste reaccionara en su contra; traslado de aviones de la fuerza aérea venezolana, desde Venezuela hacia la amazonía boliviana, en el Trópico de Cochabamba, entre ellos los Hércules C-130 # FAV 9508/2716/3134/4591/5320 cuyo contenido alguien tendría que explicar, o los Falcon 50 YV2346/YV1129/YV1083 hacia la Base Aérea boliviana en el Alto de la Paz. Larguísimas entrevistas del gobernante revolucionario con personajes de variadas categorías y naturaleza, dentro del avión presidencial, peculiarmente varado, y encendido por horas y horas, en lugares poco ortodoxos dentro de territorio latinoamericano, son algunos de los tantos interesantes detalles que pueden servir de ejemplo para concluir, que cuando el presidente de la República no está interesado en divulgar su situación, actividades, o detalles de su vida, no hay quien se lo haga confesar. De allí, que de no haber un deliberado interés en propagar la información de su estado de salud, ni Monseñor Moronta, antes de darle la comunión a tan famoso converso, se hubiera enterado de tal padecimiento, si se le hubiese ocurrido al prelado exigirle a aquél por lo menos el requisito previo de la confesión, como lo hubiera hecho con cualquier humilde feligrés en similares condiciones.

Y es que son muchas las incógnitas que existen alrededor de un personaje, que como el presidente venezolano, no pasa desapercibido, aún cuando por lo menos la mitad de su propio país desapruebe su gestión. Probablemente por eso se haya acostumbrado a mantener ese tren de vida similar al de los agentes secretos: Un día su Casa Militar planifica un vuelo presidencial, la comitiva llega al lugar indicado, se mueve el aparataje de seguridad haciendo ver a su tripulación que el presidente ha abordado la aeronave, ésta se eleva hacia su destino final, y en el instante del desembarco todos se dan cuenta que el Sr. Presidente jamás ingresó al avión. Esta es la costumbre a la cual se encuentra sometida el tren presidencial para el uso de cualquier medio de transporte que fuere necesario: por aire, tierra o mar. Como podrá cualquiera suponer, si existe el entrenamiento y la capacidad para hacer de estas actividades una rutina en la vida del presidente, resulta poco menos que creíble que el mandatario haya decidido informar respecto a sus quebrantos de salud simplemente para acallar los rumores ocasionados por una infidencia gubernamental.

Pero la situación no termina con el tema de la enfermedad, más o menos grave, de un jefe de Estado. A semanas de haberse generado la información (o desinformación) sobre la salud presidencial, mientras el mandatario hace uso de toda serie de herramientas, la oposición venezolana, representada por la organización denominada “Mesa de la Unidad” (MUD), pareciera desconocer el alcance y propósitos de esta nueva variante en la estrategia comunicacional, copiada al carbón de las ideas de uno de los ideólogos presidenciales, como lo es el lingüista Noam Chomsky. Este, en su “Lista de las 10 Estrategias de Manipulación a través de los Medios”, refiere expresamente como elemento fundamental del control social, a la estrategia de la distracción, en la cual se requiere desviar la atención de la población, de aquellos problemas importantes, “mediante la técnica del diluvio o inundación de continuas distracciones e informaciones insignificantes”, así como del uso del “aspecto emocional” como estrategia “para causar un corto circuito en el análisis racional” (sic).

Si la presencia de Hugo Chávez en cadena nacional haciendo mención a su estado de salud, con especial alusión a los sentimientos de amor por su Patria, (causante de este gran sacrificio que ha representado para él la poca atención prestada con anterioridad a su salud), y particular mención a los valores y símbolos de la iglesia católica, no fueren suficientes; las imágenes de los eventos religiosos en donde el mandatario ha participado, con apoyo de conocidos y queridos líderes de la iglesia católica; la actitud compungida de sectores de la oposición, quienes prácticamente lo dan por muerto; y la debilidad que han demostrado los representantes democráticos del país frente a la problemática nacional, son más que evidentes para transmitir a la colectividad, no sólo que el problema político más importante en el país es la salud presidencial, sino que de “salvarse” el mandatario de esta mortal enfermedad, dicha situación sería algo así como “un milagro,” producido para permitirle al nuevo creyente, la continuación de tan magna labor en beneficio de la Patria.

Mientras estos mensajes se repiten sistemáticamente, los sectores políticamente contrarios al oficialismo se debaten entre adelantar las elecciones para escoger su pre candidato presidencial, discutir el apoyo o no a ciertos pre candidatos, analizar la importancia de la tarjeta única para la inclusión del candidato presidencial; y en fin, todos aquellos elementos que en un país que transitara por la senda normal de la democracia le serían propios. Problemas cada vez mayores desde el punto político, social y económico, o situaciones coyunturales, como la violencia generada en la conocida cárcel de “El Rodeo”, en donde frente a la mirada de todo un país atento a la negociación con la población reclusa, logra escaparse un peligrosísimo delincuente, acompañado por compañeros de igual calaña, (cuyo número se desconoce), y armados hasta los dientes, siendo que cada hora que transcurra con estos ciudadanos en libertad puede hacer la diferencia entre la vida y la muerte de un venezolano, han pasado prácticamente a un segundo plano. No digamos entonces del silencio cómplice que han mantenido dichos sectores respecto a la falta de credibilidad del organismo electoral, a quien se le convoca, incluso, como árbitro en las contiendas políticas internas de los partidos, como si de un inobjetable aval se tratara. Tampoco mencionemos la aceptación ya casi expresa, por parte de los partidos de oposición, respecto a la negativa del organismo electoral de facilitar de manera oficial- y con datos precisos- el registro electoral permanente (REP), instrumento éste que aunque fuera sólo por curiosidad, resultaría de interés para los aspirantes a la candidatura presidencial.

Por si esto fuera poco, la oposición se encuentra entrampada en su propio laberinto al no tener posibilidad de dialogar con nadie respecto a opiniones distintas que no sean las aceptadas por la referida Mesa de la Unidad. Parece mentira que mientras el sector opositor critique persistentemente al gobierno por su falta de diálogo y su carencia de tolerancia, frente a las denuncias sobre la realidad del país; advertencias en relación con la terrible tragedia que puede representar el continuar actuando como autistas en relación con todas las circunstancias adversas que significa participar en un proceso electoral previamente comprometido con la revolución; e incluso elementales opiniones respecto a aspectos vinculados con las elecciones primarias mismas, la respuesta tácita sea el rechazo de dicho sector, o sencillamente hacer ver al denunciante como un advenedizo del gobierno, o un abstencionista malvado.

Resulta difícil de creer que exista alguien en el sector oposicionista al gobierno bolivariano que pueda pensar que con métodos similares a los utilizados por el oficialismo, la sociedad democrática venezolana sea capaz de entregarse. En todo caso, deliberada o no la estrategia de aquellos, valdría la pena recordar una de las mejores consejas que sobre la estrategia disfruta con placer el mandatario nacional, mediante la cual “Si utilizas al enemigo para derrotar al enemigo, serás poderoso en cualquier lugar a donde vayas” (Sun Tzu).

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