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viernes, 15 de julio de 2011

La lucha por el poder se impuso en El Rodeo





Sebastiana Barráez: la fotografía donde el ministro ve por dónde se fugó Oriente con toda su banda, nos descubre demasiado vulnerables ante el delito

EL RODEO. Fue una lucha de poder. La guerra intestina entre el ministro del Interior y Justicia, Tareck El Aissami, con el poder de Diosdado Cabello, altos oficiales y los jefes del Sebin y el Cicpc, iba a terminar mal. Al ministro no le gustó la exposición mediática de otros funcionarios medios o bajos. En lugar de una alianza entre todos para resolver un problema que descubre una llaga deforme, se metieron en una guerra fratricida, intestina, para sacar provecho de la crisis carcelaria. Incluso la orden de no declarar se impuso a la brava, como sólo es posible en el espacio de la mediocridad. Pero peor aún es que si desde el oficialismo dejaron en manos del ministro la solución de un problema de dimensiones atroces, mientras unos apostaban al fracaso, voceros de la Oposición se desgañitaron en reclamar a ultranza los derechos humanos de quienes no respetan derechos humanos.

EL PRECIO. Al final terminamos convirtiéndonos, con perdón de la palabra, en cabrones de los delincuentes. Mientras periodistas y voceros del gobierno quieren hacer de una operación mediocre, un triunfo; los señores de la Oposición deben guardar silencio porque sí se les respetó los derechos humanos a los presos de El Rodeo¸ a un alto precio. Ninguno de los dos sectores, que en mala hora han polarizado este país, llevándolo a un odio por ideas en las que ni siquiera creen, pensando más con los intestinos que con el cerebro, arrojaron a la calle, una vez más, a una banda peligrosísima, porque Yorvis López alias Oriente ha demostrado que se pudo burlar no sólo del ministro, de los militares, de los cuerpos de inteligencia, sino de todos los venezolanos decentes que salen día a día a construir este país, además de imponerse ante el pran alias El Yoifre.

PERDÓN. Ahora no solo el ministro, los generales, y los altos funcionarios, tienen que dar la cara y pedir disculpas al país, sino que en las sillas contiguas deben sentarse los opositores al gobierno, para que también se disculpen, porque un puñado de delincuentes acorralando a la sociedad y al Estado se les fugó en las narices. ¿Podremos volver a creer en la palabra de estos funcionarios y de opositores oportunistas? Ya la duda está instaurada. “Pobrecito los presos”, parecía ser el lema de diputados como William Ojeda o de defensores de derechos humanos como Humberto Prado.

POBRECITOS. Hay dos escenarios de mentiras compartidas. Por una parte gente como Prado que sí conoce las cárceles, porque incluso estuvo preso en una de ellas, reclamaba que “el Estado debe mediar con los reclusos para lograr el equilibrio y desarmar pacíficamente a la población penal”, reconociendo que el 90% de las cárceles las controlan los pranes. El problema de Prado es quiere quedar bien con los presos y sus familias, porque vive de ello. No hay lucha auténtica en esas organizaciones que reclaman al grito de “pobrecito los presos”. A quienes no creemos en la pena de muerte no se nos ocurriría plantear que a los presos hay que asesinarlos y dejarlos morir de mengua. Pero tampoco es motivo para pregonar que valen más los derechos de quienes no respetan derechos humanos de ningún tipo, incluyendo en ello al más sagrado, que es la vida. Jamás una sociedad puede ceder el espacio de los ciudadanos decentes, acorralados por la delincuencia, como sucede en Venezuela, a otro grupo que ha cometido delitos atroces y que por cierto son una minoría de quienes están en las cárceles. Discursos hipócritas y tramposos se oyeron en el caso de El Rodeo; uno de ellos fue pretender, como hicieron los opositores, que un preso es igual a otro, que quien se robó una gallina es igualito que quien mata u ordena asesinar a otros presos o a ciudadanos comunes. Prado, Ojeda y muchos otros voceros, así como los funcionarios del gobierno, saben que desde las cárceles se cometen muchos delitos, no sólo hacia adentro, sino hacia afuera: asesinatos, secuestros, extorsiones y sicariatos.

MINISTRO. “Luego de que conversamos con los internos de El Rodeo nos dimos cuenta de que son seres humanos”. Oh, frase lapidaria esa de Tareck El Aissami, porque con ello está confesando que no lo sabía. Eso descubre que este ministro, con años en el cargo, jamás se ocupó de las cárceles y que es lógico que se llegara a una crisis como la del Rodeo. Que el ministro Tareck diga que en El Rodeo no encontraron armas de guerra, le arruga a uno el corazón, porque no me atrevería a decir que el ministro miente, porque un alto funcionario no debe mentirle a todo un país. ¿Pero cómo es entonces que con todo el poder del Estado estuvimos casi un mes en un conflicto que parecía no tener fin? Ni una palabra convincente para explicar cómo se fugó alias Oriente. Esa fotografía donde el ministro ve el huequito por el que supuestamente se fugó Oriente con toda su banda, nos descubre indefensos, demasiado vulnerables ante el delito.

DIODADO. Si duda que el diputado Diosdado Cabello pretendió ser el líder de los hechos, pero la fuga de Oriente le nubló el triunfo. Escribió en su twitter: “Triunfó la paz en el Rodeo II, el estado tiene control absoluto del penal, sin la masacre que quería la derecha venezolana”. El diputado olvidó el detallito de que uno de los pranes huyó, pero que además no lo hizo solo, sino con al menos 25 de su grupo. Ahora el resto de la sociedad, sea de derecha o izquierda, chavista u oposición, deben cuidarse de esa enorme banda que con toda seguridad seguirá delinquiendo. Más preocupante aún es que en El Rodeo y sus alrededores había tanta gente, de esas encargadas de la seguridad de los venezolanos, empezando por el ministro del Interior y Justicia, de diputados, de la Guardia Nacional, de los cuerpos de inteligencia, y que la peligrosa banda de alias Oriente se les haya fugado en las narices.

NO SABEN. La Defensora del Pueblo, Gabriela Ramírez, que siempre aparece de punta en blanco ante los medios, cuando la noticia es del día, ha dicho que “entregaremos certificados de derechos humanos y procesales en varios centros penitenciarios del país”, a la vez que se refiere al final de lo sucedido en El Rodeo como un triunfo de las negociaciones. La conclusión es que la Defensora no tiene idea ni de lo que sucede en el país y mucho menos de lo que acaba de suceder en El Rodeo.

CHÁVEZ. El presidente de la República, Hugo Chávez, felicitó “a todos por el éxito de la operación de El Rodeo. Ejemplo del respeto supremo a los derechos humanos pero se impone una gran autocrítica”. Y yo me anotó con él en la última parte de su twitter. Si alguien puede hacer algo porque hechos como estos no se repitan, es quien quita y nombra funcionarios, el que decide las políticas a seguir. No lo acompaño para nada en declarar como éxito lo que no es. Es urgente Presidente acciones contundentes, funcionarios eficaces y coherencia en el discurso.

LECTORES. Pido disculpas a los lectores por usar esta columna para demostrar la indignación en la que muchos me acompañan.

BORGES. El poeta Jorge Luis un día escribió: “Quiero saber de quién es mi pasado./ ¿De cuál de los que fui? ¿Del ginebrino/ que trazó algún hexámetro latino/ que los lustrales años han borrado?/ ¿Es de aquel niño que buscó en la entera/ biblioteca del padre las puntuales/ curvaturas del mapa y las ferales/ formas que son el tigre y la pantera?/ ¿O de aquel otro que empujó una puerta/ detrás de la que un hombre se moría/ para siempre, y besó en el blanco día/ la cara que se va y la cara muerta?/ Soy los que ya no son. Inútilmente/ soy en la tarde esa perdida gente”.

Sobre la autora

Sebastiana Barráez es periodista del Semanario Quinto Día, egresada de la Universidad de Los Andes como licenciada en Comunicación Social. Ex jefe de prensa de la comisión de Finanzas del Senado. Con amplio conocimiento de la fuente militar y de fronteras. Publicaciones en varios medios de Venezuela y el extranjero. Conferencista en eventos nacionales e internacionales.



Fuente: Codigo Venezuela

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